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Batalla de Maipú (1818)

(Lecturas: 59978, 28-May-2003)


Batalla de Maipú, 5 de abril de 1818

Tras el glorioso triunfo del Ejército Patriota en Chacabuco, nuestros hombres de armas iniciaron una agotadora campaña militar para poner término en forma definitiva a la ocupación española y consolidar la Independencia de Chile. Como consecuencia de esa derrota, el Ejército Realista escapó con parte de sus medios a Valparaíso, a fin de reembarcarse para el Perú, mientras el resto de las tropas lo hacía en dirección sur del país a objeto de reorganizarse y enfrentar nuevamente al triunfante Ejército de Los Andes. Las fuerzas realistas al mando del brigadier José Ordoñes, presentaron en Talcahuano una sostenida resistencia a la división Chilena que marchó tras ellos a combatirlos. A fines de Diciembre de 1817, el Libertador General Bernardo O'Higgins debió emprender la retirada hacia el norte, al frente de toda su División, en atención a que una nueva fuerza expedicionaria enemiga al mando del General don Mariano Osorio, se aprestaba a desembarcar en la bahía. La División O'Higgins se reunió con el grueso del Ejército el 06 de Marzo de 1818 en la localidad de San Fernando.

Trece días más tarde, esta fuerza era derrotada en Cancha Rayada en las cercanías de la ciudad de Talca, produciéndose una dispersión general de las tropas patriotas y quedando gravemente herido el General O'Higgins en su brazo derecho, situación que lo obligó volver a Santiago. Lo ocurrido en Cancha Rayada no fue motivo para que los bravos hombres del Ejército Patriota, abandonaran la campaña emprendida reagrupándose nuevamente en menos de dos días en una cantidad cercana a los 4.000, logrando el General en Jefe, José de San Martín, en los días siguientes, reconstituir las unidades en su casi totalidad. Así, el 02 de Abril, el Ejército Patriota al dejar el campamento de Ochagavía para trasladarse a los cerrillos de Maipo, aparecía organizado en tres divisiones con un total general de 396 Jefes y Oficiales y un poco más de cinco mil suboficiales clases y soldados que eran sin lugar a dudas, el más importante de todos los factores que se encontraban enfrentando al enemigo, para derrotarlo definitivamente y asegurar en forma definitiva, la Independencia Nacional.

Por su parte, el Ejército Realista, no había cesado en su afán por consolidarse y derrotar a los patriotas, iniciando después de Cancha Rayada, una insistente y agotadora persecución, la que fue resistida en los campos y ciudades, situación que fue retardando su avance hacia Santiago, dando algún tiempo a los patriotas para reorganizarse y planificar la forma de detenerlos e impedir su llegada a la capital. Previendo esta situación y ya en Santiago, el General O'Higgins dispuso algunas medidas de importancia que ayudaran al fin propuesto, como por ejemplo recoger los fusiles y sables que Manuel Rodríguez había distribuido en el pueblo con anterioridad; apresurar el envío de armas desde Los Andes; adquirir o requisar las armas de los comerciantes y particulares de Santiago para rearmar el Ejército; reunir combatientes, especialmente de línea, entre la población y dispersos llegados desde el sur; dejar para los servicios auxiliares las milicias y organizar un campo de instrucción en Ochagavía al sur de Santiago.

Entretanto el General Osorio, sólo después de pasar por San Fernando, a fines de Marzo, confirmó que no había logrado derrotar en forma definitiva al Ejército Patriota en Cancha Rayada, y más aún, que éste se encontraba en condiciones de presentar resistencia e incluso triunfar. Frente a esta situación se hacía inminente un nuevo y definitivo enfrentamiento entre las fuerzas patriotas y realistas en las cercanías de Santiago. En conocimiento ambos ejércitos de sus movimientos y número aproximado de hombres, establecieron campamentos relativamente cercanos al sur poniente de Santiago. Allí las tropas respectivas descansaron y se prepararon para el combate. Al anochecer del día 04 de abril el Ejército Realista alcanzó la Hacienda de Lo Espejo quedando a unos 7 kilómetros de las fuerzas patriotas. Al amanecer del 05 de abril el Ejército patriota ocupaba una posición en los cerrillos de Maipo, en el borde sur de una loma que corre de oeste a este, con la División Las Heras a la derecha, la División Alvarado a la izquierda y la División Quintana, atrás. El Regimiento Granaderos, a caballo, quedó en la extrema derecha y los escuadrones de Cazadores de la Escolta Directorial, a la izquierda. La artillería fue ubicada en el centro y las alas.

En cuanto al Ejército realista, cabe recordar que sintiéndose su Comandante en Jefe (General Osorio) más débil que el adversario, resolvió ocupar una posición en el borde de una meseta triangular que se extendía al norte de las casas de Lo Espejo. Ubicó en el extremo de su ala izquierda (N. O.), en una pequeña altura, la División Primo de Rivera. En el bajo, hacia su derecha, al norponiente del camino a Valparaíso, quedó instalado el Regimiento Dragones de la Frontera. La División Morla ocupó la mitad poniente del borde de la loma triangular y pasó a constituir el centro de la línea. El ala derecha la formaba la División Ordoñes. Dándose frente los dos ejércitos, separados por una hondonada, permanecieron inmóviles en sus respectivas posiciones, a la espera de los acontecimientos. A las 11:30 de la mañana ordenó San Martín que rompieran el fuego las 8 piezas de la artillería del Comandante Blanco Encalada y las 4 de reserva. La artillería realista respondió en el acto. Al cabo de media hora y ante la ninguna efectividad de estos fuegos, San Martín impartió orden a las Divisiones Las Heras y Alvarado de atacar al enemigo que tenían enfrente. El Coronel Las Heras lanzó los cuerpos de su División contra la División Primo de Rivera, con apoyo de la artillería de Blanco Encalada. La División Alvarado, apoyada por la artillería de Borgoño, avanzó contra el ala S.E. del adversario, donde se encontraba el Brigadier Ordoñes. En un momento dado, cuando el desarrollo de la lucha parecía confuso, se oyó a la espalda de la línea patriota un toque de carga: era la reserva propia que entraba a participar en la acción, contra las Divisiones Ordoñes y Moria. En los mismos momentos, los escuadrones de Cazadores de la Escolta Directorial, comandados por el Coronel Freire, cargaron contra la caballería enemiga que se había situado en el flanco este, dispersándola en todas direcciones. El Teniente Coronel D. Santiago Bueras cayó al frente de su escuadrón, con el pecho atravesado por una bala adversaria. La infantería patriota acometía con singular bravura y la infantería realista resistía con una tenacidad admirable. Formadas en cuadro, las Divisiones Moria y Primo de Rivera resistieron además, entre 8 y 1 0 cargas de la caballería patriota y, cuando más tarde advirtieron el repliegue del centro y del ala derecha sobre las casas de Lo Espejo, tomaron el mismo rumbo y se reunieron al grueso, sin que los jinetes patriotas lograran desorganizar sus filas. En los instantes en que las últimas tropas realistas alcanzaban las citadas casas de Lo Espejo, llegaba al campo de batalla el Libertador O'Higgins, seguido de un millar de milicianos y de algunos cadetes de la Academia Militar. Se dirigió hacia el lugar en que se encontraba el General San Martín y, echándole al cuello su brazo izquierdo, le dijo emocionado: "¡Glorias al Salvador de Chile!". EI General en Jefe respondió: "General: Chile no olvidará jamás el nombre del ilustre inválido que el día de hoy se presentó herido en el campo de batalla".

Ordoñes había reunido en las casas de Lo Espejo las 6 compañías de infantería que comandaba Primo de Rivera y cuya moral era muy alta, a pesar de haber perdido más de un tercio de sus efectivos y los restos de los 4 regimientos de infantería que se habían retirado del centro y del ala derecha. Al llegar al lugar, San Martín dispuso que Borgoño y Blanco batieran con su artillería dichas casas. La infantería patriota cargó con ímpetu irresistible y no daba ni podía cuartel. Impresionado por la violencia de la lucha, el Coronel Las Heras ordenó suspender el fuego a los suyos. Los restos del Ejército Realista, refugiados en el huerto y la viña, se vieron obligados a rendirse, mientras los milicianos y huasos que habían llegado con O'Higgins perseguían a los dispersos y los capturaban al lazo. De los 4.500 realistas que participaron en la batalla fueron muertos 1.500; 2.289 fueron hechos prisioneros y unos 700 lograron retirarse en orden bajo el mando del Coronel Rodil.

La Batalla de Maipú dejó de manifiesto una vez más, la brillante capacidad militar del General José de San Martín, su talento organizador, su energía disciplinaria y el conocimiento que tenía de sus hombres. Así también, trascendental fue la experiencia adquirida por los oficiales, suboficiales, clases y soldados del Ejército Patriota en las campañas anteriores, demostrando homogeneidad, fe y entusiasmo en sus misiones.

En este hecho de armas quedó de manifiesto la importancia del mando y el conocimiento exacto de los hombres. La disciplina militar expresada por las correctas maniobras estratégicas que precedieron la batalla, las hábiles maniobras en el campo de acción y la combinación del empleo oportuno de las armas, fueron la manifestación más clara de ello, haciendo de Maipú la primera gran batalla americana, histórica y científicamente comprobado. Allí, la Nación y el Ejército eran una sola entidad, pues los otros servicios públicos casi no existían y a la suerte de las armas estaba ligado el porvenir de la naciente patria. Por esto, todos los elementos aprovechables eran soldados y éstos, lo mejor del país.

Maipú afianzó en forma definitiva los notables resultados de la jornada de Chacabuco y llevó al convencimiento de los mandatarios y jefes realistas del Perú, Alto Perú y Nueva Granada, que la emancipación de la América Hispana era un hecho indiscutible e irrevocable.Gran participación tuvo en esta batalla la Caballería, razón por la cual todos los años, en honor a esta histórica fecha, se celebra el día del Arma de Caballería Blindada.


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