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Breve historia de Isla de Pascua

El explorador holandés Jakob Roggeveen, arribó a la isla el 5 de abril de 1722 y, al celebrarse ese la Pascua según la tradición católica, la dio ese nombre al territorio que pisaba. Sin embargo, su nombre real y originario es Rapa Nui. La isla fue anexada por el gobierno chileno en 1888 y se reservó una zona en la costa occidental para la población indígena, dejando el resto del terreno para el pastoreo de ovejas y vacas.

Este lugar es importante por sus hallazgos arqueológicos, ya que además de ser isla del Pacífico más rica en megalitos (los moais), es el único lugar en el que se ha encontrado evidencia de la existencia de un sistema de escritura en la Polinesia. Se conoce muy poco sobre el pueblo que construyó los megalitos y talló las tablillas de madera, pero algunos creen que se establecieron aquí hace aproximadamente 18 siglos. Sin embargo, hay quienes sostienen que su origen es más reciente y los indicios arqueológicos y botánicos sugieren que los antiguos habitantes eran de origen sudamericano.

Se cree que los antepasados de la población polinesia actual, llegaron en canoas desde las islas Marquesas y mataron a los habitantes primigenios de la isla, apoderándose del territorio. Muchos arqueólogos creen que, durante esta invasión, ya existían unas 600 estatuas talladas en piedra, que fueron posteriormente destruidas por los polinesios durante una época de guerras.

Los monumentos de piedra más grandes que se han encontrado, son unas enormes plataformas enterradas que sirvieron como santuarios – llamados ahus– y que soportan varios moai en fila. Estos suelen encontrarse en riscos desde donde se divisa el mar y están construidos con bloques de piedra unidos sin argamasa. Sobre las plataformas suele haber entre cuatro y seis estatuas, aunque en el ahu Tongariki, permanecen 15. Muchas de estas plataformas presentan, en la parte inferior, cámaras con tumbas individuales o colectivas.

En la isla quedan unos cien moai, tallados en las pendientes de un volcán, con una altura que varía entre los 3 y 12 mts. Están esculpidos sobre toba volcánica y representan enormes cabezas con narices y oídos alargados. La roca de las estatuas se extrajo del cráter Rano Raraku, en el que los exploradores encontraron una inmensa estatua sin terminar de 21 mts. de longitud. Muchas estatuas de las plataformas enterradas llevan coronas cilíndricas de toba roja que llegan a pesar hasta 27 toneladas.

En las excavaciones también se han encontrado cuevas ocultas que contienen restos de tablillas e imágenes de madera. Los grabados finos y estilizados de las tablillas parecen ser un sistema pictórico de escritura.

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