Pichilemu en bicicleta

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Los surfistas experimentados saben que en Pichilemu se encuentran las mejores olas de Chile y, para algunos, de la costa pacífica de América del Sur. Apenas comienza la primavera se hacen sentir los preparativos para la avalancha de turistas que llenarán las calles de esta pequeña ciudad costera, rodeada de bosques y lagunas. Pero además de disfrutar de días de sol y noches alegres en bares y restaurantes, este destino está rodeado de encantos que pueden apreciarse, por ejemplo, en un día pedaleando.

Existen dos locales que alquilan bicicletas y los precios oscilan entre 5.000 y 15.000 pesos el día, dependiendo de la calidad de la máquina. Puedes salir temprano en la mañana y tomar la Costanera para disfrutar de la brisa refrescante mientras escoges un buen lugar para desayunar frente al mar. Tiene que ser un plato suculento, porque el desgaste de energía que se viene es alto y el sol calienta fuerte, así que también es bueno llevar cositas para picar que provean calorías como maní, barras de granola, galletas, etc., y un par de botellas de agua. Se sigue el camino y, cuando se llega a la Playa Infiernillo, es momento de subir hasta la calle Comercio y seguir derecho hacia el sur. Cuando termina la parte urbana los parajes naturales toman el protagonismo; al costado derecho playa y el costado izquierdo hermosas praderas con flores, caballos pastando y una que otra casa u hostal con materiales naturales, que armonizan con el ambiente.

Llegarás al desvío a Punta de Lobos, pero no caigas en la tentación de visitarla ya que el mejor momento para ir es durante la caída del sol y, para esa hora, ya habrás entregado la bicicleta. Sigue tu camino, disfruta de la vista de las lagunas Los Lobos, Perro y Cahuil, y haz las paradas que necesites para descansar y disfrutar de un jugo fresco con empanadas. Al llegar a Cahuil cruzarás un pequeño túnel rodeado de bonitos grafitis y luego el pequeño y pintoresco pueblo te dará la bienvenida. Allí puedes hacer una parada más larga, visitar algunos locales de artesanías y seguir el camino hasta las hermosas salinas de Cahuil.

El mayor encanto de dicho atractivo es que la comunidad viene trabajando la extracción de sal con la misma técnica de sus ancestros, hace cientos de años, y una vez que llegues te guiarán amablemente por sus piscinas y te explicará todo el proceso. Además, puedes comprar estas sales, puras o mezcladas con finas hierbas, ajo o incluso vino, para llevar a casa un producto verdaderamente saludable y artesanal.

Así se cierra con broche de oro el recorrido en bicicleta y arranca el regreso a Pichilemu. Como la ida fue con paradas y asombros, parece que el regreso va a ser largo y que no vas a lograrlo, pero de hecho es más corto de lo que parece y antes de que te des cuenta estarás cerca de la ciudad y de un mar de agua fría que te refrescará si lo necesitas. Para la caída del sol, puedes tomar un colectivo a Punta de Lobos (si no tienes vehículo) y maravillarte con uno de los paisajes más hermosos de las playas de Chile.

¿Te antojaste? ¡Estás a tiempo de planificar tu verano en este hermoso lugar!

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