El ensueño de San Pedro Atacama

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Artículo invitado – Fotos y texto por Chris Gooley

Por casi dos años, Christian Gibson y yo vivimos en una furgoneta, en busca de los paisajes naturales más espectaculares de América Latina. A pesar de haber disfrutado de impresionantes lugares a lo largo del camino, seguíamos un poco desilusionados al no encontrar vastas áreas de tierra salvaje intacta de la influencia humana. Sin embargo, al llegar al Desierto de Atacama los deleites de la vida nómada se revitalizaron mientras nuestros ojos se deleitaban con el esplendor del paisaje.

Estacionamos la furgoneta en San Pedro de Atacama y encontramos un mapa decente. Esa tarde, visitamos el Valle de la Luna y tuvimos nuestro primer acercamiento de los impresionantes atractivos de la región. Mientras el atardecer se apoderaba de antiguo paraje, estábamos absolutamente maravillados: los colores pasteles del desierto desplegaban todo un espectro de tonalidades en las laderas de las montañas cargadas de minerales. Nos quedamos posados en una elevación tomando fotos hasta entrada la noche, completamente absortos en la magia que se revelaba; los colores desaparecieron, pero fueron reemplazados por millones de estrellas que ocupan un horizonte de 360 grados.

Regresamos a San Pedro tarde esa noche y salimos a la mañana siguiente con suficientes suministros para cinco días en el desierto. Queríamos ver lo que más pudiéramos de la región y enfocar las horas de la tarde para las fotografías.

Puede decirse que este es el paisaje más extenso que permanece sin intervención humana en el planeta, en el que el aire está despojado de humedad, permitiendo largas sesiones de fotos a su largo y ancho. Volcanes en perfectas formas de cono marcados por las caídas de lluvia, vida silvestre elegante y resistente, y casi ningún ser humano a la vista; todo esto hace que las fantasías de un escapista alimenten la inspiración a la hora de hacer imágenes y se vayan puliendo los sentimientos salvajes.

El Desierto de Atacama es innegablemente el ‘país de las maravillas’ para cualquier fotógrafo y, el atardecer, es cuando la magia sucede. Sin darte cuenta, el lugar te lleva a un estado de ensoñada rebelión, a la que te rindes sin querer volver a las necesidades de la realidad mundana. Un paisaje ya increíble, te lleva a otro reino de tonos pasteles resplandecientes que se mantienen hasta el último momento en el que la luz le da paso a las sombras, que envuelven la tierra mientras innumerables estrellas se toman el cielo.

Las noches eran duras. Cuando duermes ahí afuera comienzas a preguntarte sobre tu cordura, sintiendo dolores de cabeza por la altura y el frío que penetra hasta los huesos; pero al llegar la mañana contemplábamos nuestro ‘patio’ y sonreíamos. El día comenzaba lentamente mientras el radiador, y nosotros, nos descongelábamos antes de iniciar la cacería del mejor lugar para disfrutar el concierto de colores de la tarde.

Después de una experiencia tan afirmadora, hemos expandido nuestra mente más allá de América Latina ya que ahora soñamos con capturar los magníficos paisajes salvajes del mundo entero. Creemos firmemente que un entendimiento cercano del funcionamiento de la naturaleza va a beneficiar grandemente a la humanidad y esperamos inspirar a otros a consentir los inmensos espacios vivos del planeta, para que así reestablezcan su conexión con el mundo natural.

Siga el viaje de estos dos fotógrafos por América Latina en instagram @mygobe y la página (inglés) http://mygobe.com.

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